miércoles, 17 de febrero de 2010

Bastarda Orfandad

- Maldita sea la hora en la que alguna vez nació esa niña llamada Soledad, ¡maldita sea la hora! ¡Maldita! ¿Entiendes Laura? ¿Entiendes?- gire mi cabeza mirando a mi compañera


- Soledad, pero tu… soledad ¡basta! ¡Deja esa mierda! ¡ya!-

- ¡Ahhhhhhh! JODER, mirar amor, palpar amor, las luciérnagas están en todos lados Laura, el agua es tan amarilla… ya no puedo mirar más allá en la Bestia confundida-

- Soledad, Darling, por favor tranquilízate, ¡mírate!, ¡mira tú bello rostro!, está decayendo y el trovador, seguro esta allá en París acostándose con una puta falsa poeta, Soledad, es jueves, solo duerme Darling, solo duerme…-

- No puedo dormir mas en este puto auto Laura no seas cojuda, la columna me está matando y se me ha acabado la pintura, quiero bailar, quiero sentirme dentro del intestino-

- Mañana será viernes y podremos bailar, conseguiremos pintura Soledad y embarraras tus deliciosos dedos de vómitos expresivos y me llenaras de esa mierda que acá a la Bestia le gusta tanto, ahora cuéntame de esas quimeras-

- Las quimeras son una mierda Laura, ¡Laura estoy tan dolida! ¡Laura! ¡Laura!, la bestia me quiere comer de a pocos, me siento débil-

- No llores Darling, Soledad eres tan hermosa, tan dulce, estamos en nuestra Bestia, no es como tu París, acá solo estamos tu, yo, el sol gris y el cuero del auto viejo, no podemos bañarnos en la maldita prosa poética, no podemos recitar versos, las quimeras, como las llamas, acá son sumamente sutiles y no hacen más que danzar con nuestros sentidos yo sé Soledad que nadie entiende todo lo que estas pasando, pero te vas a curar-

Laura había cuidado de mí toda la maldita noche de Sol Gris, Laura me cubrió con la manta maldita de la desdicha, soplaba fuertemente aire caliente sobre mis hombros con su respiración y hacía de mis noches algo diferentes, se había convertido en lo que en antaño cubría mi primera novia.

El viernes por la tarde salimos a empaparnos en ron, salimos para huir de las quimeras, Laura decía que estaba muy enferma, Laura decía que no iba a morir, pero cuantas más horas pasaban, la bestia me estaba comiendo, más y mas, hasta sentir que me faltaba sed de vida.

Laura y yo hicimos el amor esa noche, me besaba dulcemente y embarraba mis pechos de su lápiz labial, estaba tan desesperada y tan dolida como yo a mis quince años, ella era aun más débil que yo. Me había pedido que la lleve a París tan pronto me sanase, porque al igual que yo a los quince, no soportaba las quimeras de Lima, no soportaba la orfandad, no soportaba morir siempre de vida, ver el gris eterno, los padres y a la Bestia.

Acá en Lima era tan difícil ser mujer y Laura lo entendía, como me gustaba el nombre Laura, yo la quería y estaba dispuesta a sanar eso, sin involucrarme demasiado, esa noche, descubrí que era una luciérnaga y que me entendía, Laura era tan especial.

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