miércoles, 30 de septiembre de 2009

Libertad: fugaz e inexplicable

Era un martes, martes, martes, martes. Estabas tú comiendo algo de pizza ya fría, y en la mano una taza de chocolate caliente, posaba mi rostro sobre esa almohadita que tanto me gustaba, a pesar que dormíamos juntos nunca nos hemos relacionado como algo mas que una pareja literaria ¡Oh! Claro a excepción de ayer, que le di por primera vez un beso.



El, siempre olía a colonia barata, tabaco y vino tinto, lo quise así, pero no era ni será jamás una atracción física, yo se que el hombre, mas bien niño, con el que duermo, se ha acostado con la mitad de las mujeres de aquí, la ciudad sin nombre, porque como antes lo mencione era su lujuria encantadora lo que te llamaba a quererlo, a estrujarlo, a protegerlo entre tus brazos, era una visión maldita de tus peores temores hundidos en crema de chocolate.


Siempre fuimos libres, yo también admito haberme acostado con varios hombres de la ciudad, pero lo mío y lo del trovador era casi mágico, no era humano, un huracán de emociones, una maldita combinación entre una melodía de Bach y Kurt Cobain, el podía verme desnuda por horas, danzar en nuestras sábanas, peinarme el cabello, tocarme eróticamente los senos y volverle loco, pero, jamás el ha de tocarme de otra manera que no sea para admirar mi cuerpo, nunca compartimos esa parte animal, lo nuestro no se si sea arte, aunque lo dudo, no lo se, era mas que eso era siempre tan nuestro, tan nuestro, tan nuestro y en muchas ocasiones escuche que yo era distinta, por eso no me sentía mal, yo era la única que le haría ver el sol gris los jueves, las luciérnagas en el techo, la que le enseño la droga, la que lo convirtió en inmortal.


No me pregunten porque lo dejo a veces, jamás me digan que me necesitará, creo caer entre las primeras gotas de lluvia mañanera, en el pasadiso de la ciudad sin nombre, donde los mendigos van a buscar su pan.

lunes, 28 de septiembre de 2009

El canto de los cisnes desnudistas

"La habitación" de Van Gogh
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Viernes (Soledad no aparece ni en la morgue) Amada Soledad, Siento vacío al no tenerte conmigo. Destellos difractados y revoluciones descompuestas me recuerdan que no puedo abrazarte por las noches y esa sensación de lejanía, cada vez me acerca más al centro del ruido. Del vicio de amarte con euforia del que soy víctima estática. Un plan de autodestrucción se ha encendido en mi corazón, no habrá bandera blanca. He de morir peleando entre tus brazos en un día soleado, por noches frescas en medio del olor de tu pecho
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Sábado (Definitivamente Soledad se ha marchado…) … y ha dejado mi colchón mutilado. Quedó la botella de vodka rota en la cocina y las aceras salpicadas de lágrimas y restos de borrador. Creo que es el ocaso de mi vida como tal: lo único verdaderamente artístico en la ciudad sin nombre. Una prostituta me mira desde una esquina con ojos de diamante y vacío, me atrae un poco su cabello mal cuidado y el murmullo de whisky que desprenden mis neuronas; pero yo me pongo triste, porque no sé quién es Soledad.
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………. Más tarde
Bajo por la avenida “Siberia” y todos los bares están llenos y yo estoy tan vacío, tan sólo, que hasta creo que mis células me abandonan poco a poco, como pasajeros de un tren a la deriva. Están lanzando cadáveres de bebés por las ventanas hechas con botellas de vino tinto, las casas blancas se ven grises en la ciudad de los sueños podridos, en esta maldita ciudad sin nombre, ya no sé si busco acción, ya no sé si busco una esquina de mi barrio o las paredes rayadas del parque abandonado, el parque de las vírgenes y los violadores…
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…. Amanece (el cielo tiene color de vómito) y creo que es Domingo Me levanto en una habitación cubierta de papel periódico y pajaritos amarillos, y la estrella de la mañana me ha cogido cabreado. Salgo por una puerta que huele a cadáveres de árbol y por alguna razón, pienso que encontraré a Soledad ahí afuera, en la ciudad, pero en su lugar me encuentro un vagabundo borracho acostado junto a la basura; rebusco en sus bolsillos y consigo un par de monedas, lo suficiente para agarrar el autobús que me lleva a un lugar X en medio de la ciudad sin nombre, el imbécil del autobús me mira con cinismo mientras escupe los restos de humanidad que le quedaban… lo hemos perdido, es un maldito muerto más… La tranquilidad del autobús me produce escalofríos, los rostros en la calle se escurren por mi oídos y entran para alejarse en mi cráneo ¡estoy harto! mientras escribo y escribo… no hay nadie aquí, no está Soledad. Y tantas cabezas, que se vuelven putrefactas dentro de mí, me producen odio que corre por mi sistema nervioso.
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Xxxxxxxxx aún estoy ebrio y todo da vueltas, de pronto el autobús se convierte en mi habitación… en nuestra habitación… en la habitación de nadie… en la habitación donde ella me hace más y más falta, siento que hay una quebrada ahí afuera…. xxxxxxxxX
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La quebrada respira en mi nuca.
La muerte toca la puerta de mi habitación,
mientras la música indolente y fría,
no deja de sonar,
atrayendo, tal vez,
a la angustia que quiere devorarme por dentro y fuera.
La angustia, la hija de la ansiedad que nunca se ha llenado,
producto de mi vida desesperada,
del grito continuo y ruidoso que sumerge mi existencia en infame vacío.
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LxAxHxAxBxIxTxAxCxIxÓxN DELtrobador
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Mi habitación tiene 4 paredes.
Dentro de ellas he soñado muchas cosas
para mutilarlas en las mañana de lunes,
cuando las 4 paredes suenan como Peristaltismo inverso
y el mundo se me viene encima,
las palabras del fin de semana,
la manera brutal de sacarme el amor
suplantando su presencia con litros de alcohol
y los olores a cabaret se vuelven un delicado puño que acaricia mi cuerpo
en vertiginosas repeticiones
que devuelven cadáveres de neuronas
que caen sobre la inexistencia que ronda la habitación.
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Lunes 3:00 am (dos ebrios en el bar, una botella de whisky, y un viejo conocido de mis épocas de estudiante hablando incoherencias) Puedo casi adivinar la forma de tus brazos expandiéndose sobre el infinito por rozar mi arrogancia a través del camino ideal que hemos ido trazando tomados de la mano por el sendero de las noches frías y las tazas de té. Necesito a Soledad
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De pronto, el fin de semana se volvió un vacío, pensé que yo era un cadáver, hasta que el lunes por la mañana ella me despertó en un bar con un beso en los labios. Nuestro primer beso.

domingo, 27 de septiembre de 2009

¿dónde está Soledad?xx

Imagen: pabellón B por Jaime Zapata
Seres nacidos de la nube más alta
maldicen en verso al gigante de labial
son las luciérnagas
que brillan solitarias en las alcantarillas
una pareja sangrienta
que guarda con inocencia una caja de pecados
Lujuria y dulzura
confundidas en la ciudad sin nombre
son las luciérnagas
que cantan al vértigo
una pareja sangrienta
que sueña con números imaginarios
¿Me escucha Soledad?
¿dónde está Soledad?
X
La gente no sabía a ciencia cierta si “las luciérnagas” era una pareja de escritores o un grupo de rock. Daba lo mismo. En los círculos literarios nos tomaban por locos, por seres escapados de un limbo sin palabras. Los librepensadores nos tomaban por tontos apáticos y decían de nosotros que andábamos ebrios todo el tiempo, que éramos unos vagabundos y que nunca llegaríamos a nada.
Nunca llegamos a nada.
Nadie nos quería entre los suyos, pensaban que una pareja de “luciérnagas sangrientas” traería el horror y la desgracia a donde sea. Vivíamos demasiado nostálgicos, demasiado aturdidos por el choque de muchas realidades juntas. Seres nacidos de la nube más alta.
Un grupo de literatos de la ciudad esperaba escuchar nuestras creaciones; insultarnos, analizarnos como a bichos raros; un viernes… Yo quería cambiar la historia, darnos a conocer, pero Soledad entendía que nuestro arte era sólo para los dos, una cajita de píldoras de cianuro para adentrarnos en nuestra desgracia, nuestro arte no era un escapismo, no era una manera de “sobrellevar” la realidad, más bien era el relato de la firme convicción que ambos teníamos, de que nunca podríamos salir de la gran puta llamada ciudad, con cada palabra o suspiro, con cada elogio hecho para el otro, o con cada ensayo misántropo que elaborábamos, nos metíamos más y más en la vagina del infierno al que estábamos condenados desde que mis brazos se inyectaron con la heroína de los labios de Soledad.
¿dónde está Soledad?
Los “literatos” me regresaban miradas de asco, y buscaban a algún culpable, al desgraciado que se le había ocurrido invitar a las luciérnagas ese viernes, justo ese viernes… la cita era a las 3 o 4… yo aparecí cuando ellos estaban a punto de largase, yo esperaba encontrarme ahí a Soledad.. pero ella no apareció…
¿Me escucha Soledad?
¿dónde está Soledad?
Hubiera querido visitar a alguna amiga de Soledad, pero la única amiga que ella tuvo había muerto antes de que yo la conociera. Hubiera querido visitar a los padres de Soledad, pero una mujer tan insensata e impulsiva no debió nacer de una madre, debió nacer de una calle o de una estación de metro. Busqué a Soledad por las avenidas, los bares, y los parques donde habíamos caminado alguna vez, por los cines, las iglesias y la prisión… nada, ni rastro de ella. Pensé que ella tal vez había terminado de enfermarse de mi, o que tal vez encontró un amante millonario capaz de ayudarla a publicar…
De un momento a otro,
ya no tenía sus labios para pintar nuestros sueños,
ya no tenía sus dedos para escribir poemas en el vapor de los ventanales del metro
ya no tenía su voz en el centro de mi corazón
¿Me escucha Soledad?
¿dónde está Soledad?
De pronto, el fin de semana se volvió un vacío, pensé que yo era un cadáver, hasta que el lunes por la mañana ella me despertó en un bar con un beso en los labios. Nuestro primer beso.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Agonia Crepuscular I

Me he hundido en la amenaza de la bestia de dientes negros, he tomado dos píldoras mas de antidepresivos, mirando el huracán de caos que te causa mi estado. Andábamos haciendo algo, besabas mi cuello y te miraba como si nada tuviese sentido ahora, me he puesto mal, he caído en las sabanas de tecnopor del mundo, no me basta llorar, así que no lo haré, es innecesario que me digas algo, puesto que las cuestiones de la vida no hablan tan ruidosamente como las de mi corazón.
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No queríamos pensar, porque el pensamiento en estos momentos mata, tu dices que me quieres, trovador usted es una luciérnaga rara una combinación de morado con naranja, la conspiración de Dios para hacernos mas mortales de lo que todavía somos. No me gusta llorar, pero sus sentidos tan desarrollados ya distinguieron ese olor a nostalgia que despide mi cuerpo, me ha abrazado, me estruja entre sus brazos y me hace perder la razón.
El mundo de tecnopoor va cayendo, desquebrajándose, parte por parte, derritiéndose con un café caliente que le da al corazón, siento penetrar una bala en mi pecho, como aquella ocasión cuando vi el arbolito banal con milzha y otra vez trato de arrancarme el corazón, usted sabe que sufro de esto, me ando preguntando si esta fingiendo no interesarle o, es que espera alguna respuesta de mi parte, ¿no sabe que me ando muriendo? Solo atina a abrazarme y a fulminarme con el olor a colonia barata, ese olor, con el que lo conocí, mezclado con tabaco y vino tinto, así, así lo quiero y así lo empecé a querer.
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Vomitare todo lo que yace en mi estómago, entre las píldoras, la sangre, la comida y el dolor. Me levanté fui al baño y regrese vacía de nuevo, metiéndome otra píldora mas, se que me quieres golpear, eso lo se, pero ya nada puedes hacer conmigo, me moriré pronto, mientras tanto déjame ser contigo esas luciérnagas sangrientas que solo salen días como hoy, los días jueves de sol gris, pronto amanecerá y vendrán con el crepúsculo todos los prejuicios juntos y moriremos otra vez porque solo los jueves vivimos, vivimos algo “tan nuestro” que solo los parásitos sin horizonte, los sensibles románticos y los suicidas de nacimiento pueden sentir, pueden ver el sol gris irse en el horizonte para dar paso a el funeral, porque con tres árboles puedes amar un bosque, un bosque, un bosque.

jueves, 24 de septiembre de 2009

De la hora, el reloj, el TIC TAC y la juventud por Soledad

¡Eh! ¡Ahí! Estábamos bebiendo otra copa mas de eso, que el llama veneno suave, compartíamos una conexión cerebral, una violación. El ambiente cargado de sarcasmo y nicotina, un disco de the mars volta, otra copa mas, un lagrimeo, un beso en la mejilla, algún halago inútil, un verso, una estrofa, y de vuelta a llorar. Era eso, una nueva corriente literaria creada en una sala, dos cuerpos sentados en un sillón, una pipa en la mano y en la pupila una aguja que llegue al corazón.
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Estabas, botando el humo por tu nariz, así todo un racional neo clásico, la razón frente al sentimiento. Estabas llorando, dentro de el verso, todo protervo, deleznable de lo que puede sentir uno cuando los escucha, pero, cuando lo pienso bien siento que era algo proficuo verte así, porque era ahí cuando soltabas esos llantos que mis pupilas no podían percibir y ese maldito reloj que era el protagonista de todo, de tu mirada tenue sobre el regocijo de las agujitas y el tic tac tic tac tic tac… eh ahí la juventud, alguna vez te dije.
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Para mí era algo eventual tratar de otear lo que sea que estabas pensando cuando mirabas esas agujas, era como si, nuestra danza literaria se hubiese echo mierda, tú, eres de esos, que jamás logran despegarse de lo superficial. La verdad, mi mente esta volando entre tu respiración, y la clase de filosofía de la mañana, no puedo concentrarme, ni entregarme completamente a esos párrafos de música suicida (como la llamas tú) Creo que he crecido, he crecido mucho, pero el agua sigue siendo amarilla.
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Me he puesto algo medrosa creo yo, seguro estas pensando mi estimado trovador, donde quedo esa niña que armaba caos en los patios de la casa presidencial, me pregunto si le guste mas así y vuelvo a repetirle mirando al techo quiero ser idiota, idiota, idiota. Los versos se han salido de mi cabeza y por alguna razón solo recuerdo un par de Borges, me estoy sintiendo mierda y necesito que me abrases de alguna manera eso me cubre de la realidad.
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Son ahora lo que jamás fueron amantes, los que no llegaron a ser amigos, los que huyen de la prosa y crearon la prosa poética pero vale tontería que somos dos, dos… luciérnagas que lloran sangre, que vuelan entre la habitación, o en la boca de un acorde, de algún mendigo que anda tocando pidiendo una mas de sus limosnas, regalando a la gente, su pulmón.
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Y quiero crear contigo trovador melancólico, el origen del origen, para poder hacer de algo bello, porque lo que escribimos es tan “nuestro” “tan nuestro”, que todos pueden leer los párrafos pero jamás entenderán porque tu mirada y la mía hace tic tac.

Las luciérnagas sangrientas segun el trovador

Era una corriente literaria más bien parecida a un suicidio masivo en una clínica psiquiátrica, nacida entre coqueteos crípticos y arrogancia de cuatro de la tarde. Soledad gustaba de jugar con las palabras, juntarlas con belleza y ego y suspirarlas dulcemente con esos labios que se mezclaban con el humo que siempre rodeo nuestros encuentros. Yo en cambio, siempre he elegido castigar y castigarme con mis palabras, usarlas como una corriente de desolación, como el fiel reflejo de la ansiedad con la que manejo mis días, mi perversidad y mi superficialidad caminando a la par con el olor a cerveza de los versos que nunca pude construir. Éramos así: belleza y vértigo caminando juntos, buscando un sueño que de por sí siempre estuvo roto; ella pudo habernos detenido en medio camino, pero por alguna razón, Soledad decidió acompañarme en el oscuro sendero de la semi-realidad, el horizonte en el que los sueños eran asesinados por nuestros propios vicios.
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Habíamos bebido tanto vino aquella noche; Soledad cantaba versos suyos mezclados con letras de Kurt Cobain, y yo escribía en las paredes blancas de la habitación un poema en el que renegaba del arte… entre sueños recuerdo que ella dijo: “somos luciérnagas sangrientas” más bien con un ritmo distorsionado del himno a la república, me regresé a verla por unos instantes, a introducirme en su rostro alterado por las gotas de vino barato y repetí la misma frase: “somos luciérnagas sangrientas” y ambos supimos en ese preciso instante que habíamos creado algo más lejano que el amor, que tal vez hubiéramos podido sentir el uno por el otro algún día a no ser porque ambos estábamos viviendo en el filo de una espada; algo más fuerte y duradero que un romance parisino o una amistad intelectual: habíamos firmado nuestra sentencia de muerte, dejábamos de ser humanos, escritores, amigos o amantes para ser luciérnagas sangrientas, entregadas a un ideal que nunca dejó de oler a vino barato.Allá, lejos de la habitación, empezaba a salir el sol gris de los jueves.

de "ella" para el trovador

Tu crepúsculo epistolar, todo tu, caminando, surgiendo de aquel llanto desesperado, aquellas lágrimas, aquel compás, de y uno, dos, tres, va cantando el trovador, va gritándole al mundo que todos somos mierda, como si las cuitas del mundo entero se empozaran en una prosa poética.
. Quieres ser, eso, que no logras alcanzar quieres ser el verbo de un nuevo mundo racional, donde Dios no es mas que un pendejo. Tú lujuria, me envuelve de nuevo a pasos agigantados, en algo que a mi niñez, ya le era familiar, siempre me anduvo gustando un trovador, si un trovador, un trovador triste, que recitaba versos de ultratumba, trayendo consigo mas pecados cuidadosamente envueltos en un perdón disimulado, era así cuando me sentía tonta, era así cuando sentía que el trovador se comía sus huesos a mis espaldas en alguna montaña de su ciudad y yo, le iba siguiendo curiosa, escuchando sus cantos, sus versos fúnebres y gastados, arrancados de alguna parte del corazón de un niño que se comió a sus padres.
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Una vez el trovador dijo: soy una aspirina en un mar de infecciones purulentas, yo le digo: la autodestrucción no es más que un miedo a lo absoluto. Pero el sol gris sale los jueves, los jueves, los jueves, las luciérnagas saben que sale ese día y lloran sangre, los cadáveres de niños se empilan para ser quemados y la gente llora, llora, llora, mientras yo veo al trovador solo con su felicidad entre manos, como pensando maquiavélicamente soltarla los días en que la gente no lo oye, los días en que solo yo, lo oyó cantar.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

De "el" para la escribidora

Ella me mostró lo mal que escribo. Ella reveló lo pequeño de mi universo y me llenó de vacío con sus palabras cada vez más macabras y bellas, poquito a poco, mi difuso "yo" se fue auto devorando por la boca del sol de los jueves; poco a poco me enamoré de su manera perversa de mostrarme que no soy nada, que somos nada, que soy miseria insalvable y que ni la música, , dulce refugio para los soñadores suicidas, podrá salvarme de la pesada convicción de "ser". Ella es el vómito que llena de flores mis días, las flores más desesperadas y más bellas del jardín, y es la fantasía más desastrosa que desordena el eco de mis días. Hay noches que sueño con desdoblarme entre sus cabellos, hay madrugadas en las que me despierto con ganas de arrancarle el corazón para así encontrarle algún sentido a su rostro desconocido, para así sentirla a mi lado cuando recorro estas calles, estás oscuras y desoladas calles llenas de luciérnagas sangrientas, que me inyectan su recuerdo en medio de angustiosos gritos de fantasía. Todo comenzó con alguna conversación ya diluida, tal vez en un café en París, o en una fiesta de fin de año aquí en la ciudad sin nombre, mi alma sintió el llamado de aquella luciérnaga pálida y llena de locura; ella habló de versos, hizo que alucinara con su versión del universo, de las galaxias, del amor y de las batallas crueles de países lejanos, yo me mostré torpe, superficial e idiota como siempre… yo fui una pieza llena de furia en medio del rompecabezas que ella construyó a nuestro alrededor como un laberinto que atrapó mi espíritu por la eternidad. Y entonces el mundo era una mierda, y a la vez yo era una mierda en el mundo….