lunes, 28 de septiembre de 2009

El canto de los cisnes desnudistas

"La habitación" de Van Gogh
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Viernes (Soledad no aparece ni en la morgue) Amada Soledad, Siento vacío al no tenerte conmigo. Destellos difractados y revoluciones descompuestas me recuerdan que no puedo abrazarte por las noches y esa sensación de lejanía, cada vez me acerca más al centro del ruido. Del vicio de amarte con euforia del que soy víctima estática. Un plan de autodestrucción se ha encendido en mi corazón, no habrá bandera blanca. He de morir peleando entre tus brazos en un día soleado, por noches frescas en medio del olor de tu pecho
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Sábado (Definitivamente Soledad se ha marchado…) … y ha dejado mi colchón mutilado. Quedó la botella de vodka rota en la cocina y las aceras salpicadas de lágrimas y restos de borrador. Creo que es el ocaso de mi vida como tal: lo único verdaderamente artístico en la ciudad sin nombre. Una prostituta me mira desde una esquina con ojos de diamante y vacío, me atrae un poco su cabello mal cuidado y el murmullo de whisky que desprenden mis neuronas; pero yo me pongo triste, porque no sé quién es Soledad.
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………. Más tarde
Bajo por la avenida “Siberia” y todos los bares están llenos y yo estoy tan vacío, tan sólo, que hasta creo que mis células me abandonan poco a poco, como pasajeros de un tren a la deriva. Están lanzando cadáveres de bebés por las ventanas hechas con botellas de vino tinto, las casas blancas se ven grises en la ciudad de los sueños podridos, en esta maldita ciudad sin nombre, ya no sé si busco acción, ya no sé si busco una esquina de mi barrio o las paredes rayadas del parque abandonado, el parque de las vírgenes y los violadores…
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…. Amanece (el cielo tiene color de vómito) y creo que es Domingo Me levanto en una habitación cubierta de papel periódico y pajaritos amarillos, y la estrella de la mañana me ha cogido cabreado. Salgo por una puerta que huele a cadáveres de árbol y por alguna razón, pienso que encontraré a Soledad ahí afuera, en la ciudad, pero en su lugar me encuentro un vagabundo borracho acostado junto a la basura; rebusco en sus bolsillos y consigo un par de monedas, lo suficiente para agarrar el autobús que me lleva a un lugar X en medio de la ciudad sin nombre, el imbécil del autobús me mira con cinismo mientras escupe los restos de humanidad que le quedaban… lo hemos perdido, es un maldito muerto más… La tranquilidad del autobús me produce escalofríos, los rostros en la calle se escurren por mi oídos y entran para alejarse en mi cráneo ¡estoy harto! mientras escribo y escribo… no hay nadie aquí, no está Soledad. Y tantas cabezas, que se vuelven putrefactas dentro de mí, me producen odio que corre por mi sistema nervioso.
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Xxxxxxxxx aún estoy ebrio y todo da vueltas, de pronto el autobús se convierte en mi habitación… en nuestra habitación… en la habitación de nadie… en la habitación donde ella me hace más y más falta, siento que hay una quebrada ahí afuera…. xxxxxxxxX
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La quebrada respira en mi nuca.
La muerte toca la puerta de mi habitación,
mientras la música indolente y fría,
no deja de sonar,
atrayendo, tal vez,
a la angustia que quiere devorarme por dentro y fuera.
La angustia, la hija de la ansiedad que nunca se ha llenado,
producto de mi vida desesperada,
del grito continuo y ruidoso que sumerge mi existencia en infame vacío.
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LxAxHxAxBxIxTxAxCxIxÓxN DELtrobador
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Mi habitación tiene 4 paredes.
Dentro de ellas he soñado muchas cosas
para mutilarlas en las mañana de lunes,
cuando las 4 paredes suenan como Peristaltismo inverso
y el mundo se me viene encima,
las palabras del fin de semana,
la manera brutal de sacarme el amor
suplantando su presencia con litros de alcohol
y los olores a cabaret se vuelven un delicado puño que acaricia mi cuerpo
en vertiginosas repeticiones
que devuelven cadáveres de neuronas
que caen sobre la inexistencia que ronda la habitación.
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Lunes 3:00 am (dos ebrios en el bar, una botella de whisky, y un viejo conocido de mis épocas de estudiante hablando incoherencias) Puedo casi adivinar la forma de tus brazos expandiéndose sobre el infinito por rozar mi arrogancia a través del camino ideal que hemos ido trazando tomados de la mano por el sendero de las noches frías y las tazas de té. Necesito a Soledad
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De pronto, el fin de semana se volvió un vacío, pensé que yo era un cadáver, hasta que el lunes por la mañana ella me despertó en un bar con un beso en los labios. Nuestro primer beso.

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